¿Proteger o consumir?, ¿promover o conservar?, ¿por qué es tan difícil proteger las expresiones artísticas de los pueblos?
Dentro de la actual agenda de discusión en nuestro país se ha dado especial atención a la protección de los derechos de propiedad intelectual e industrial de los diseños tradicionales, indígenas o populares, y de las expresiones de los pueblos mexicanos.
El caso más reciente es el de la marca Louis Vuitton (no la del Lic. Valeriano), que toma diseños de los "tenangos" de Tenango de Doria, Hidalgo, para adornar un sillón individual. Se cuestiona a la marca francesa por apropiación cultural y la Secretaría de Cultura Federal manda una carta solicitando explicaciones.
Otra nota de gran viralización fue la de la reconocida marca venezolana-estadounidense Carolina Herrera, la cual fue acusada de apropiación cultural y plagio, debido a que en su última colección muestra diseños "inspirados" (prácticamente copiados y pegados) en diseños textiles tradicionales como los "tenangos" (muy recurrentes en estas historias de plagio), los Sarapes de Saltillo, Coahuila, y bordados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. El Senado se pronuncia y promete demanda.
Otra nota de gran viralización fue la de la reconocida marca venezolana-estadounidense Carolina Herrera, la cual fue acusada de apropiación cultural y plagio, debido a que en su última colección muestra diseños "inspirados" (prácticamente copiados y pegados) en diseños textiles tradicionales como los "tenangos" (muy recurrentes en estas historias de plagio), los Sarapes de Saltillo, Coahuila, y bordados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. El Senado se pronuncia y promete demanda.
Sin embargo, el tema no es reciente: Isabel Marant, Mara Hoffman, Rapsodia, Madewell, Zara, Mango, son tan solo algunos de la veintena de nombres y marcas de diseñadores que anteriormente han sido señalados por cuestiones similares: copiar, plagiar, apropiar.
A partir de esto surgen algunas preguntas: ¿los diseñadores de modas pueden simplemente tomar diseños tradicionales o contemporáneos de las comunidades y ponerlos en sus objetos?, ¿cómo son las leyes y políticas de protección de las expresiones de los pueblos indígenas y comunidades de artesanos?
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| FOTO: desinformemonos.org |
La problemática tiene dos vertientes muy amplias: en primer lugar, la relativa a la industria del diseño y la moda, sus prácticas y disposiciones legales. En segundo lugar, y la vertiente más compleja, la diversidad cultural: ¿cómo proteger todas las expresiones de un país pluricultural y multicultural como el nuestro?
Industria de la moda
Tengo una amiga diseñadora de modas, Damaris. Es de Guadalajara y la conozco desde estudiante hasta el desarrollo de su propia marca. La vida de una diseñadora de modas independiente, es realmente difícil. Competir contra las producciones masivas de Grupo Inditex y similares, o contra renombradas boutiques que venden sus productos cual obras de arte, que tienen presupuestos exorbitantes para marketing, pasarelas, activaciones, es prácticamente imposible. Todo esto sin mencionar el tema de las condiciones de trabajo en la industria de la moda, que da para una tesis.
Así, decenas de emprendedores y diseñadores de modas en la misma situación que mi amiga Damaris encuentran alternativas para su desarrollo en los tianguis de diseño y tianguis artesanales (¿qué curioso no?), y la pregunta es, ¿en qué se inspira un diseñador de modas? Respuesta: el diseñador de modas, se inspira principalmente en la moda, es decir, en los gustos, costumbres, tendencias, de los grupos sociales. El mejor lugar de inspiración para un diseñador de modas, sin importar si es una marca renombrada o una marca independiente, es la calle. En este sentido, la industria de la moda se rige esencialmente de la copia.
Y bueno, pues esta lógica ha llevado a que la industria del diseño de modas y el fast-fashion, sea uno de los sectores con menor protección legal a nivel internacional, y cuando la hay, es diversa, inconsistente y poco práctica.
Al respecto, les recomiendo ver esta TED Talk de Johanna Blakley que en unos 15 minutos plantea una postura bastante interesante sobre la industria de la moda rápida o fast-fashion. La ponente expresa que la cultura de la imitación dentro de la industria de la moda ha sido positiva para el desarrollo de la misma, recorriendo temas que van desde los procesos creativos y la piratería, hasta las legislaciones y los mercados. También muestra las similitudes con otras industrias que no tienen protección de derechos de autor, por ejemplo: los automóviles, el mobiliario, el software de código abierto, la industria alimentaria (¿se imaginan patentar el pozole o las carnitas?). A continuación retomo algunas de las citas y aseveraciones de esta plática:
"...En la industria de la moda hay muy poca protección para la propiedad intelectual. Tienen protección de marcas registradas, pero no derechos de autor, y casi ninguna protección de patentes...
...Lo único que no pueden copiar es la etiqueta de la marca registrada en sí que aparece en dicha prenda. Esa es una razón por la que ven logos salpicados por todos estos productos...
...la razón por la que la industria de la moda carece de protección de los derechos de autor es porque los juzgados decidieron hace mucho que las prendas son demasiado prácticas para ampararse en los derechos de autor. No querían que un puñado de diseñadores fuesen dueños de las bases fundamentales de nuestra ropa. Y que los demás tuvieran que pagar licencias por este puño o esta manga...
Al no haber derechos de autor en esta industria, existe una ecología de la creatividad muy abierta y original.
La moda, nos guste o no, nos ayuda a proyectar quienes somos en el mundo. Gracias a la moda rápida, las tendencias globales se establecen mucho más rápidamente que antes."
A ver, la plática citada proviene desde una visión económica, de mercado, neoliberal, y todos los adjetivos capitalistas que quieran, pero sus argumentos son muy potentes. Y que quede claro, no pretendo justificar el lucro de los diseñadores de moda a partir de las expresiones de arte indígena o popular, yo soy de aquellos que inmediatamente sienten coraje al ver las noticias de plagio y robo, me dedico a la promoción de las expresiones de los pueblos desde hace una década. Sin embargo, mostrar esta visión nos permitirá conocer cómo piensan los acusados.
Y es que, si revisan las respuestas de todos ellos, casi siempre se engloban en la idea del respeto, admiración y reconocimiento de todos los artesanos y artistas mexicanos que inspiran sus productos. En otros casos hablan del homenaje que se hace.
Pineda Covalín, por ejemplo, en su página web (en 2019) expresa que:
Además de las grandes marcas como las que ya mencionamos, existen decenas de proyectos que suponen un acercamiento más humano, justo y consciente. Marcas como Someone Somewhere, o Joyería Kuu, proyectos que pretenden fusionar el diseño de modas con el arte indígena. ¿Cuál es la diferencia entre este tipo de emprendedores y las grandes marcas?
Así, decenas de emprendedores y diseñadores de modas en la misma situación que mi amiga Damaris encuentran alternativas para su desarrollo en los tianguis de diseño y tianguis artesanales (¿qué curioso no?), y la pregunta es, ¿en qué se inspira un diseñador de modas? Respuesta: el diseñador de modas, se inspira principalmente en la moda, es decir, en los gustos, costumbres, tendencias, de los grupos sociales. El mejor lugar de inspiración para un diseñador de modas, sin importar si es una marca renombrada o una marca independiente, es la calle. En este sentido, la industria de la moda se rige esencialmente de la copia.
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| Foto: instyle.es |
Y bueno, pues esta lógica ha llevado a que la industria del diseño de modas y el fast-fashion, sea uno de los sectores con menor protección legal a nivel internacional, y cuando la hay, es diversa, inconsistente y poco práctica.
Al respecto, les recomiendo ver esta TED Talk de Johanna Blakley que en unos 15 minutos plantea una postura bastante interesante sobre la industria de la moda rápida o fast-fashion. La ponente expresa que la cultura de la imitación dentro de la industria de la moda ha sido positiva para el desarrollo de la misma, recorriendo temas que van desde los procesos creativos y la piratería, hasta las legislaciones y los mercados. También muestra las similitudes con otras industrias que no tienen protección de derechos de autor, por ejemplo: los automóviles, el mobiliario, el software de código abierto, la industria alimentaria (¿se imaginan patentar el pozole o las carnitas?). A continuación retomo algunas de las citas y aseveraciones de esta plática:
"...En la industria de la moda hay muy poca protección para la propiedad intelectual. Tienen protección de marcas registradas, pero no derechos de autor, y casi ninguna protección de patentes...
...Lo único que no pueden copiar es la etiqueta de la marca registrada en sí que aparece en dicha prenda. Esa es una razón por la que ven logos salpicados por todos estos productos...
...la razón por la que la industria de la moda carece de protección de los derechos de autor es porque los juzgados decidieron hace mucho que las prendas son demasiado prácticas para ampararse en los derechos de autor. No querían que un puñado de diseñadores fuesen dueños de las bases fundamentales de nuestra ropa. Y que los demás tuvieran que pagar licencias por este puño o esta manga...
Al no haber derechos de autor en esta industria, existe una ecología de la creatividad muy abierta y original.
La moda, nos guste o no, nos ayuda a proyectar quienes somos en el mundo. Gracias a la moda rápida, las tendencias globales se establecen mucho más rápidamente que antes."
A ver, la plática citada proviene desde una visión económica, de mercado, neoliberal, y todos los adjetivos capitalistas que quieran, pero sus argumentos son muy potentes. Y que quede claro, no pretendo justificar el lucro de los diseñadores de moda a partir de las expresiones de arte indígena o popular, yo soy de aquellos que inmediatamente sienten coraje al ver las noticias de plagio y robo, me dedico a la promoción de las expresiones de los pueblos desde hace una década. Sin embargo, mostrar esta visión nos permitirá conocer cómo piensan los acusados.
Y es que, si revisan las respuestas de todos ellos, casi siempre se engloban en la idea del respeto, admiración y reconocimiento de todos los artesanos y artistas mexicanos que inspiran sus productos. En otros casos hablan del homenaje que se hace.
Pineda Covalín, por ejemplo, en su página web (en 2019) expresa que:
"Los diseños de Pineda Covalin son una reinterpretación libre. En caso de ser producto de una colaboración especial, cuenta con el debido contrato, derechos de reproducción y uso por parte del o los artistas titulares del diseño; además se otorga el crédito a las instituciones especialistas en la materia tales como el INAH y el museo correspondiente en su caso. Gracias a la difusión de los productos se abre una posibilidad más de dar a conocer la diversidad cultural de México y América Latina."
Además de las grandes marcas como las que ya mencionamos, existen decenas de proyectos que suponen un acercamiento más humano, justo y consciente. Marcas como Someone Somewhere, o Joyería Kuu, proyectos que pretenden fusionar el diseño de modas con el arte indígena. ¿Cuál es la diferencia entre este tipo de emprendedores y las grandes marcas?
¿Qué guiños de buenas prácticas encontramos aquí?
En lo personal, soy escéptico a todas las propuestas de diseño que buscan fusionar arte indígena y diseño de modas, tanto de las marcas de altos diseñadores (aunque ni siquiera me alcance para comprarlas), como las de emprendedores independientes. Siempre que me invitan a conocer proyectos de diseño dónde colaboran o trabajan con artistas/artesanos indígenas, la pregunta que nunca falla es: ¿y quién firma los productos?
Diversidad y Patrimonio Cultural
En lo personal, soy escéptico a todas las propuestas de diseño que buscan fusionar arte indígena y diseño de modas, tanto de las marcas de altos diseñadores (aunque ni siquiera me alcance para comprarlas), como las de emprendedores independientes. Siempre que me invitan a conocer proyectos de diseño dónde colaboran o trabajan con artistas/artesanos indígenas, la pregunta que nunca falla es: ¿y quién firma los productos?
Diversidad y Patrimonio Cultural
Ahora bien, los tenangos de Doria, los Sarapes de Saltillo, el arte textil del Istmo, o de los Altos de Chiapas, o de los artistas Jñat jro (mazahuas), la joyería Wixárika, y un larguísimo etcétera, no son simples diseños. Los reconocemos como patrimonio cultural, porque no sólo son prendas de uso, sino que conjugan saberes y cosmovisiones de los infinitos mundos que existen en México.
Por cierto, México es un país que alberga una gran diversidad cultural, de las más ricas del mundo. Aquí habitan al menos 68 pueblos originarios. Piensen bien en ese número, no son cinco, o veinte, o treinta: ¡sesenta y ocho!. Además, hay 364 variantes lingüísticas, ¡trescientas sesenta y cuatro!. La pluriculturalidad en nuestro país es reconocida en el artículo 2° de nuestra constitución, sin embargo estudios sobre discriminación exponen en sus resultados altos índices de ignorancia, mitos y estereotipos en torno al tema de la identidad indígena, así como el desarraigo cultural que daña la identidad al interior de los grupos.
Tenemos pues, un doble discurso: reconocemos a los pueblos indígenas, pero también los discriminamos. Según Acle Tomasini (en CDI, 2006:6) “Lo 'indígena' es motivo de orgullo nacional, tema de murales y obras de arte; por el contrario, 'los indígenas' han sido motivo de desdén, producto de una profunda ignorancia.”
Si bien, la diversidad cultural en el México actual toma visibilidad a partir de la presencia los más de 60 pueblos originarios, no podemos ignorar los procesos de mestizaje presentes en prácticamente todas las regiones rurales y urbanas del país, situación que inevitablemente termina en impactar en la ampliación del panorama de la diversidad cultural e identitaria en México.
Por último conviene resaltar que el concepto de “indígena” entendido como una identidad única y particular, no da cuenta de la diversidad cultural presente en el país. Esto lo aprendí de Mario Agustín Gaspar, maestro artista y artesano purépecha, que nos explica que la palabra indígena no es sinónimo de pueblo originario (entendido como aquellos pueblos que estaban en México antes de la conquista). La etimología de la palabra indígena proveniente del latín inde: "de allí" y del sufijo géns: "población", significa “originario del país del que se trata”, en cuyo caso la palabra “alienígena” resultaría un antónimo. Es necesario adoptar posturas amplias para superar procesos culturales de estereotipos y discriminación. Todos los mexicanos somos indígenas de México, porque somos de México.
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| Mario Agustín Gaspar, Artista y artesano purépecha,Pátzcuaro, Michoacán. Foto: MAIC Museo de Arte Indígena Contemporáneo (www.maicmuseum.org) |
Ante este complejísimo mosaico cultural y artístico que representan las expresiones de los pueblos mexicanos, nuestra legislación, en específico la Ley Federal de Derecho de Autor, tiene un brevísimo apartado denominado "Capítulo III De las Culturas Populares". Dicho apartado está compuesto por 5 artículos, los cuales son contradictorios (como todos nosotros) y hasta cierto punto discriminatorios pues, por un lado se expresa la protección de las obras artísticas y artesanales de los pueblos (Art. 157), y por el otro lado, permite la “libre utilización” de dichas obras y diseños (Art.159). Así como lo leen, ¡se permite la libre utilización!. Y aunque parezca contradictorio, esa libre utilización es lo que permite su disfrute y goce para todos nosotros. ** Actualización, en 2025, estos artículos ya están modificados **
Y ¿por qué no proteger las obras, igual que se protege una pintura, o un grabado, o una poesía? ¡vaya, hasta la fotografía tiene más protección! Los fotógrafos que van a las comunidades y le toman fotos a niños indígenas para luego venderlas en inauguraciones con cócteles de mezcal y canapés de tinga, ellos, tienen mayor protección que los artistas que resguardan el conocimiento milenario de las técnicas y cosmovisiones de los pueblos.
Bueno, pues es más difícil de lo que parece, porque ¿cómo proteges una técnica?, ¿un saber que se trasmite de generación en generación?, si dos comunidades viven de la misma expresión ¿a quién le corresponde el derecho intelectual?, ¿y si la tradición se actualiza, y cambia de materiales o diseños?, por ejemplo, el arte wixárika usa chaquira, la chaquira ni si quiera es un material mexicano, se importa de Europa del Este o Japón.
¿Ven cómo no es tan fácil?
En este panorama existen casos de éxito que han encontrado diversas vías de solución, por ejemplo, el arte wixárika del que nadie duda que es arte, la Talavera de Puebla y los productos de Olinalá, que cuentan con denominación de origen registradas ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. También se ha adoptado el uso de marcas colectivas para productos artesanales en muchas regiones del país, Oaxaca, Querétaro, Chiapas, incluso los tenangos cuentan con marcas colectivas para buscar mayor protección. Sin embargo, ¿por qué todas estas acciones no han detenido el llamado plagio y apropiación cultural?
Actualmente está en proceso una iniciativa de la Senadora Susana Harp que pretende ampliar la protección de las expresiones de los pueblos mexicanos en la LFDA. La iniciativa propone en términos generales derogar el artículo 159 (ese que permite la libre utilización), y modificar los demás artículos a efecto de que se soliciten autorizaciones a las comunidades para el uso de las expresiones artísticas **Esta reforma ya se publicó desde 2020**. Es complejo, puesto que la "libre utilización" en esencia salvaguarda el derecho de acceso a la cultura. El patrimonio cultural es de todos y es de nadie, al igual que el lenguaje. No obstante la buena intención de la iniciativa, aún es un pequeño paso frente a todo el trabajo que hay que hacer al respecto, queda pendiente revisar asuntos de piratería, reformar códigos penales, hacer inventarios de patrimonio cultural, pero sobre todo, y esto cae en nuestra cancha: consumir todos estos productos artísticos, y consumirlos bien.
La conclusión es que no hay una única solución para una diversidad tan amplia de expresiones. Se deben ajustar las leyes sí, pero también se deben tomar acciones desde la política pública y las prácticas de consumo. La Secretaría de Cultura, el INAH y sobretodo el INBA (porque ya basta de ver a las culturas indígenas como si estuvieran en el pasado), y sus homólogas estatales y municipales, así como la sociedad civil, tenemos una labor titánica a realizar: catálogos por localidad de patrimonio cultural material e inmaterial, ¿quiénes son los portadores y transmisores de la tradición? ¿cómo promovemos que se mantengan?. Acciones de fomento, difusión y sensibilización como lo que hace Innovando la Tradición, o el MAIC Museo de Arte Indígena Contemporáneo y el Encuentro Nacional de Arte Indígena y Artesanía Contemporánea, nos dan algunas vetas de esperanza.
El poder del consumidor
El capitalismo nos ha enseñado que todo lo puede, y que todos los objetos son susceptibles de ser comprados y vendidos, de responder a las lógicas económicas, y a la mano no-tan-invisible del mercado.
Así que, viene la pregunta incómoda: ¿y tú consumes el arte de culturas indígenas y populares?
Según la última Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales del CONACULTA de 2010, se muestra que el interés por conocer y acercarse a los bienes denominados “artesanías regionales mexicanas” se encuentra en términos entre “mucho” y “algo”
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| Fuente: CONACULTA, 2010 |
Por el contrario, las estadísticas ofrecidas por el mismo estudio muestran datos alarmantes respecto al gasto en artesanías.
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| Fuente: CONACULTA, 2010 |
Los datos expuestos en las gráficas anteriores ayudan a sustentar la idea, nuevamente, sobre un ‘doble discurso’ entorno al consumo de
No cabe duda de que nuestro doble discurso, y nuestra doble moral se refleja hasta en las noticias que viralizamos.
Cuando nos quejamos de que Carolina Herrera plagió los tenangos, quizá lo que nos molesta es que se esté obteniendo una ganancia por un producto que sabemos podríamos conseguir más barato, pero tampoco veo a todos tomando carretera hacia Tenango de Doria, a comprar directamente las obras de los creadores.
¿Y si en vez de comprarle a Louis Vuitton, le compramos a los creadores directamente?, ¿se imaginan?, y cuándo veas a alguien con su Carolina Herrera puedas verlo de reojo y decirle "el mío es un diseño del Istmo original", ¿y si cambiamos la mirada y logramos que lo que reconocemos como patrimonio cultural también sea objeto de deseo, y lo metemos al mercado? El beneficio sería directo para los creadores, sin intermediarios.
Para eso hay que conocer más, por ejemplo para la elaboración del arte textil, en Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Estado de México, usan técnicas milenarias, que van desde la obtención de la tela, la extracción de los colores a partir de minerales y vegetales, el tejido. Estamos hablando de procesos que valen muchísimo, donde se mezcla la extracción y el uso de materiales, con los diseños y cosmovisiones de pueblos enteros. Son obras sagradas, y además con una calidad que durará décadas. Sin embargo, el desprecio histórico y nuestra odiosa costumbre de regatear y menospreciar el trabajo, ha hecho que muchos creadores cambien sus técnicas, y entonces compran la tela de procedencia china, y los colores no son igual de vivos ni durarán toda la vida ¿ven cómo la culpa también está en los consumidores?
Esto del doble discurso me incomoda muchísimo. Porque durante años han salido estas notas, sobre plagios y robos de la industria de la moda, pero no hacemos nada, y cada nueva nota nos indigna como sí nunca hubiera pasado, cómo si no hubiera más que hacer, más que pedir que el gobierno interceda. Pero ¿no nos damos cuenta que nosotros tenemos el poder del consumo? somos los peores capitalistas de la historia.
A lo mejor lo que dice Johanna Blakley tiene algo de razón, y gracias a la industria del fast-fashion se ha logrado proyectar las expresiones de los pueblos en el mundo. ¿No nos correspondería empezar a consumir?, pero a consumir enserio. Si no te gusta lo que hizo Zara, corre a comprarle a un artesano, así de sencillo. Les comparto una cooperativa de bordadoras Hña hñu (otomíes), pero hay miles en todo el país, acérquese, pregunte, busque.
Ya viralizamos lo indignados que estamos, ¿y si viralizamos una campaña de consumo justo? de re-valoración, de re-significación.
¿Y si le pedimos a nuestras autoridades que no sólo gasten tiempo y esfuerzo en abogados para culpar a las grandes marcas por los plagios?, que además se haga una campaña masiva de consumo de arte indígena, no me importaría que al final se escuchara el horrible colofón de "gobierno del estado", o el de "este programa es público blablablabla" (ya saben cuál).
Y si empezamos a reconocer las expresiones de los pueblos como lo que son: arte, el arte que mantiene viva la diversidad, las cosmovisiones y la riqueza de nuestro país.
* Mtro. Daniel Antonio Pascual Ortega
Gestor cultural, ambientalista a medias, guitarrista en mi casa. Fundador de @MAICmuseum , especialista en arte indígena y diversidad cultural.
@dpascualo
linkedin.com/in/dpascualo
¿Y si en vez de comprarle a Louis Vuitton, le compramos a los creadores directamente?, ¿se imaginan?, y cuándo veas a alguien con su Carolina Herrera puedas verlo de reojo y decirle "el mío es un diseño del Istmo original", ¿y si cambiamos la mirada y logramos que lo que reconocemos como patrimonio cultural también sea objeto de deseo, y lo metemos al mercado? El beneficio sería directo para los creadores, sin intermediarios.
Para eso hay que conocer más, por ejemplo para la elaboración del arte textil, en Chiapas, Oaxaca, Hidalgo, Estado de México, usan técnicas milenarias, que van desde la obtención de la tela, la extracción de los colores a partir de minerales y vegetales, el tejido. Estamos hablando de procesos que valen muchísimo, donde se mezcla la extracción y el uso de materiales, con los diseños y cosmovisiones de pueblos enteros. Son obras sagradas, y además con una calidad que durará décadas. Sin embargo, el desprecio histórico y nuestra odiosa costumbre de regatear y menospreciar el trabajo, ha hecho que muchos creadores cambien sus técnicas, y entonces compran la tela de procedencia china, y los colores no son igual de vivos ni durarán toda la vida ¿ven cómo la culpa también está en los consumidores?
Esto del doble discurso me incomoda muchísimo. Porque durante años han salido estas notas, sobre plagios y robos de la industria de la moda, pero no hacemos nada, y cada nueva nota nos indigna como sí nunca hubiera pasado, cómo si no hubiera más que hacer, más que pedir que el gobierno interceda. Pero ¿no nos damos cuenta que nosotros tenemos el poder del consumo? somos los peores capitalistas de la historia.
A lo mejor lo que dice Johanna Blakley tiene algo de razón, y gracias a la industria del fast-fashion se ha logrado proyectar las expresiones de los pueblos en el mundo. ¿No nos correspondería empezar a consumir?, pero a consumir enserio. Si no te gusta lo que hizo Zara, corre a comprarle a un artesano, así de sencillo. Les comparto una cooperativa de bordadoras Hña hñu (otomíes), pero hay miles en todo el país, acérquese, pregunte, busque.
Ya viralizamos lo indignados que estamos, ¿y si viralizamos una campaña de consumo justo? de re-valoración, de re-significación.
¿Y si le pedimos a nuestras autoridades que no sólo gasten tiempo y esfuerzo en abogados para culpar a las grandes marcas por los plagios?, que además se haga una campaña masiva de consumo de arte indígena, no me importaría que al final se escuchara el horrible colofón de "gobierno del estado", o el de "este programa es público blablablabla" (ya saben cuál).
Y si empezamos a reconocer las expresiones de los pueblos como lo que son: arte, el arte que mantiene viva la diversidad, las cosmovisiones y la riqueza de nuestro país.
| Obra: Cándida Pérez -Cooperativa de Bordadoras Uedi Di Pehni Arcoiris-, Tenango de Doria, Hidalgo. Foto: MAIC Museo de Arte Indígena Contemporáneo (www.maicmuseum.org) |
* Mtro. Daniel Antonio Pascual Ortega
Gestor cultural, ambientalista a medias, guitarrista en mi casa. Fundador de @MAICmuseum , especialista en arte indígena y diversidad cultural.
@dpascualo
linkedin.com/in/dpascualo





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